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"El nido no está vacío, está cambiando"

9 sept
3 min de lectura

Quizá un día te das cuenta de que ya no compras lo mismo en el supermercado. Ya no tienes que preguntar a qué hora llega tu hij@, qué quiere comer o si necesita que lo lleves a algún lugar. 


Y aunque una parte de ti sabe que esto es algo bueno —que tus hijos están creciendo, haciendo su vida y tomando sus propias decisiones—, hay otra parte que los extraña y está bien.


A veces nos preparamos mucho para que nuestros hijos puedan irse, pero poco para preguntarnos qué vamos a sentir nosotros cuando eso suceda.


Porque no solamente la casa está más tranquila. Cambian las rutinas, las conversaciones y también ese lugar que durante tantos años ocupamos en su vida.


Entonces aparece una sensación difícil de explicar: “¿y ahora qué hago con todo este espacio?”


Hoy, además, tenemos algo que puede hacer esta etapa un poco diferente.


Las redes sociales pueden ayudarnos a sentirnos cerca cuando ya no compartimos el mismo espacio. Ver una fotografía de ellos puede hacernos sonreír, un mensaje puede acercarnos un poquito y una videollamada puede convertirse en ese momento de la semana que esperamos con ilusión.


Y quizá eso también tenga algo bonito. No sustituye el estar juntos, pero pueden ayudarnos a construir nuevas maneras de estar presentes.


Quizá valga la pena recordar algo:


Las redes pueden ser un puente, no una ventana que necesitas mirar constantemente.


Un puente para acercarnos, compartir y acompañarnos; no necesariamente una forma de estar pendientes de cada paso que dan.


Porque también podemos aprender a confiar en que nuestros hijos están construyendo su vida, aunque ya no podamos verla de cerca como antes.


Y mientras ellos comienzan a construir su propio camino, quizá tú también puedas comenzar a mirar el tuyo.


No como una obligación de “aprovechar ahora que tienes tiempo”, ni como una manera de llenar rápidamente el espacio que dejaron.


Simplemente preguntándote, poco a poco, qué quieres hacer con esta nueva etapa de tu vida.


Quizá todavía no tengas una respuesta. Y está bien. Tal vez primero necesites acostumbrarte a la casa más tranquila, a las nuevas rutinas y a extrañar algunas de esas cosas que antes parecían tan cotidianas.


Puedes sentir orgullo por ellos y extrañarlos al mismo tiempo. Puedes disfrutar tu tiempo y tener días en los que la nostalgia aparezca de repente.


No tienes que escoger una sola emoción para vivir esta etapa. A veces simplemente necesitamos tiempo para acostumbrarnos a una vida que se ve un poco diferente, para encontrar nuevas rutinas y para descubrir qué lugar queremos ocupar ahora que nuestros hijos están haciendo su propio camino.


Y quizá, con el tiempo, puedas comenzar a mirar todo esto de una manera distinta. No porque dejes de extrañarlos, sino porque poco a poco vas encontrando nuevas formas de estar cerca de ellos y, al mismo tiempo, nuevas formas de estar contigo.


Porque el nido no está vacío...Está cambiando.


Hay cosas que terminan, otras que se transforman y algunas que todavía no sabemos cómo serán. Tal vez, ahí haya espacio para algo nuevo: para volver a mirar tu propia vida, recordar quién eres más allá de ser mamá o papá y descubrir qué quieres para esta etapa que comienza.


Mientras tus hijos construyen su propia vida, tú también puedes comenzar a construir la tuya de una manera diferente.



Psic. Edith Pantaleón


 
 
 

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