"Cuando el miedo a perder te hace darlo todo"
Sobre la dependencia emocional y el desafío de amar sin dejar de cuidarnos.
Tal vez tenías planes para el fin de semana, pero tu pareja tuvo un mal día y decidiste cancelarlos para acompañarla. O quizá querías expresar algo que te molestaba, pero preferiste guardártelo para evitar una discusión. A veces, incluso dejamos de hacer cosas que disfrutamos porque sentimos que nuestra pareja nos necesita más.
Y aunque hacer espacio para el otro es parte de compartir la vida, cuando comenzamos a dejar nuestras propias necesidades en segundo plano de manera constante, podemos terminar olvidándonos de nosotros mismos.
Quizá aprendimos que debemos estar siempre disponibles, resolver los problemas del otro o esforzarnos cada vez más para que la relación funcione. Tal vez creemos que tenemos que ser indispensables para que alguien nos quiera, o que si dejamos de dar tanto, la otra persona dejará de elegirnos.
Entonces nos preocupamos por cómo estaría nuestra pareja sin nosotros, pero pocas veces nos detenemos a pensar cómo estamos nosotros dentro de la relación.
Cuando el miedo a perder al otro comienza a dirigir nuestras decisiones y nuestro bienestar depende demasiado de cómo se encuentra la relación, podemos estar experimentando una dinámica de dependencia emocional.
Pero amar no significa tener que elegir constantemente entre lo que necesitas tú y lo que necesita tu pareja. Una relación también implica encontrar un equilibrio: poder acompañar al otro sin abandonarte, expresar lo que sientes sin miedo a dejar de ser querido y comprender que las necesidades de ambos merecen un lugar.
Habrá momentos en los que uno necesite más apoyo y otros en los que sea el otro quien necesite ser acompañado. La reciprocidad no significa dar exactamente lo mismo todo el tiempo, sino construir una relación en la que ambos puedan sentirse escuchados, cuidados y libres de seguir siendo quienes son.
Y quizá ahí comienza un cambio importante: entender que no necesitas dejar de cuidar a tu pareja para empezar a cuidarte tú. Puedes escucharla sin hacerte responsable de todas sus emociones, acompañarla sin resolver cada uno de sus problemas y tener en cuenta sus necesidades sin dejar de reconocer las tuyas.
Si te identificas con estas palabras, no te juzgues. Tal vez has aprendido a amar de una manera en la que el miedo ocupa demasiado espacio. Reconocerlo no significa que hayas hecho algo mal; puede ser una oportunidad para comprenderte y comenzar a construir una forma diferente de relacionarte.
No tienes que dejar de amar a tu pareja para volver a encontrarte contigo. Puedes aprender a expresar lo que necesitas, recuperar tus propios espacios y permitir que el cuidado también sea algo que recibes, no solamente algo que das.
Porque una relación puede ser un lugar para compartir, crecer y acompañarse mutuamente, sin que ninguno tenga que renunciar a sí mismo para conservar al otro.
Tú también mereces sentirte acompañado, cuidado y elegido, sin tener que olvidarte de ti para conseguirlo.

Psic. Edith Pantaleón





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