top of page

¿Por qué reacciono así? ... Cuando las emociones parecen tomar el control.

¿Te ha pasado que reaccionas de una forma que después no entiendes del todo? Quizá respondiste con enojo, te sentiste abrumad@ por algo que parecía pequeño o terminaste el día con una sensación de cansancio emocional difícil de explicar.


A veces pensamos que el problema son nuestras emociones, cuando en realidad lo que sucede es que no siempre sabemos qué hacer con ellas.


Vivimos en una cultura que nos enseña a seguir adelante, a ser fuertes y a resolver rápido lo que sentimos. Sin embargo, las emociones no desaparecen porque las ignoremos. De hecho, suelen encontrar la forma de hacerse presentes: en el estrés, la irritabilidad, el agotamiento o incluso en conflictos con las personas que queremos.


La regulación emocional no se trata de controlar todo lo que sentimos ni de mantenernos tranquilos todo el tiempo. Se trata de aprender a escucharnos antes de reaccionar.

Quizá detrás del enojo hay una necesidad de poner límites. Tal vez detrás de la tristeza hay algo que necesita ser reconocido. Incluso la ansiedad, aunque incómoda, suele intentar llamar nuestra atención sobre algo que nos preocupa o nos hace sentir inseguros.


Cuando una emoción aparece, en lugar de preguntarte "¿cómo dejo de sentir esto?", podría ser más útil preguntarte:


¿Qué me está intentando decir esta emoción?


Esa pequeña pregunta puede cambiar mucho la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos.


Y aunque no existe una fórmula mágica para gestionar lo que sentimos, hay algunas cosas sencillas que pueden ayudarnos cuando las emociones parecen demasiado intensas.


Ponle nombre a lo que estás sintiendo. A veces decimos "me siento mal", pero identificar si estamos frustrados, decepcionados, preocupados o tristes puede ayudarnos a comprender mejor lo que necesitamos.


Haz una pausa antes de responder. No siempre podemos elegir lo que sentimos, pero sí podemos intentar elegir qué hacemos con eso. Tomarte unos minutos antes de responder un mensaje, continuar una discusión o tomar una decisión importante puede marcar una gran diferencia.


Pregúntate qué necesitas en ese momento. Tal vez necesitas descansar, pedir apoyo, poner un límite o simplemente darte permiso para sentir lo que estás sintiendo sin exigirte resolverlo de inmediato.


Háblate con la misma comprensión que ofrecerías a alguien que quieres. Muchas veces somos nuestro crítico más severo justo cuando más necesitamos comprensión.


No siempre tendremos respuestas inmediatas, y eso está bien. A veces basta con hacer una pausa, reconocer lo que estamos sintiendo y permitirnos experimentarlo sin juzgarnos.


Porque sentir enojo, tristeza, miedo o frustración no nos hace débiles ni incapaces. Nos hace humanos.


La próxima vez que una emoción difícil aparezca, intenta verla como una señal y no como un enemigo. Tal vez no necesite ser combatida, sino escuchada.


Al final, aprender a gestionar nuestras emociones no significa dejar de sentir. Significa desarrollar una relación más amable con aquello que sentimos para responder a la vida con mayor consciencia, equilibrio y bienestar.


¿Qué emoción te ha costado más trabajo gestionar últimamente?


Quizá esa respuesta pueda darte una pista importante sobre lo que necesitas hoy.


 
 
 

Comentarios


bottom of page